La paz desde abajo: academia y territorio

La paz desde abajo: academia y territorio

Por Sara Vélez Zapata

Estudiante

Maestría en Estudios Intedisciplinarios sobre Desarrollo

Universidad de los Andes (CIDER)

Escuela de Invierno CAPAZ 2017 Colombia: Paz Territorial

s.velezz@uniandes.edu.co

Los debates políticos actuales parecen quitarnos la ilusión de un país sin violencia política. Sin embargo, para recuperar la esperanza basta escuchar y compartir experiencias con personas que, desde sus territorios, no han descansado en la ardua tarea de la paz y con otros que, desde la academia y las ciudades, aprendemos de esas experiencias locales para contribuir al debate teórico y la comprensión de la construcción de paz en Colombia. Recuperar la esperanza fue, precisamente, el mejor regalo que me dejó la Escuela de Invierno Colombia: Paz Territorial del Instituto Colombo–Alemán para la Paz – CAPAZ.

 

26 colombianos y 4 alemanas aprendimos el significado y los retos de la construcción de paz. A simple vista, en espacios como la Escuela de Invierno podría caerse en lugares comunes: la importancia de lo local, la descoordinación estatal o la discusión sobre las causas estructurales del conflicto colombiano. En contraste, durante una semana compartimos escenarios de diálogo, de confrontación entre teoría y realidad, del encuentro entre academia y territorios.

 

Comprender nuestros conflictos para transformarlos juntos

 

La Escuela de Invierno CAPAZ 2017 me dejó cinco lecciones. La primera es que la paz y el desarrollo no son sinónimos, pero se necesitan mutuamente. De allí la importancia de comprender las necesidades y expectativas de las comunidades frente al Acuerdo de Paz.

 

La segunda es la necesidad de reconstruirnos como sociedad colombiana después de una larga guerra. Esta reconstrucción parte de la comprensión de la vida de los otros en nuestra propia vida, la dimensión moral de la paz territorial según Julieta Lemaitre. Construir paz desde abajo implica ser conscientes de los contextos complejos de resistencia de las comunidades y de los conflictos silenciados por tantos años.

 

La paz sostenible y duradera va más allá de lo acordado por el Gobierno y las FARC-EP. La paz territorial debe partir de una premisa fundamental: nuestra meta no puede ser una sociedad sin conflicto, sino una en la que los conflictos se tramitan sin usar la violencia. De allí que hablemos de una etapa de posacuerdo y no de posconflicto. Es recuperar la capacidad de imaginar una sociedad sin violencia, como invita John Paul Lederach.

 

Como estudiante de maestría aprendí, por un lado, que el reto de la academia es romper barreras entre las disciplinas. La interdisciplinariedad debería trascender la lectura de textos académicos para abordar un fenómeno. En cambio, debería concentrarse en abrir espacios de diálogo y generar agendas concretas de investigación con impacto real, que respondan a las necesidades de los territorios de nuestro país.

 

Por otro lado, nuestras investigaciones no pueden partir de la mera extracción de información de los “sujetos de estudio”. Estas deberían reconocer a las comunidades como sujetos que han resistido a la violencia y que, en ese sentido, tienen un conocimiento igual o más valioso que el de los académicos. Reencontrarnos con los territorios significaría la posibilidad de comprender nuestros conflictos para transformarlos juntos.